TU  HIJO NO ES COMO TÚ  

En consulta, casi todos los días,  trabajamos con los padres determinadas expectativas e ideas que tienen sobre sus hijos y que no siempre (más bien pocas veces) se cumplen.

Soñamos con hijos jueces, abogados que luchen por nobles causas, que descubran la vacuna contra el sida, que sean grandes actores de Hollywood llevando camisetas que recen “I love mi mamá”, médicos que salven vidas y hasta con hijos presidentes del gobierno. Pero en el fondo sabemos que son sueños.

Lo que no parecen sueños en cambio son las “certezas” con las que cargamos a nuestros hijos, certezas tan comunes como que estudiarán una carrera, que ayudarán con el negocio familiar, que compartirán nuestros puntos de vista, que nos darán nietos o que vestirán adecuadamente.

Pero lo cierto es que, desde muy pequeños, nuestros hijos viven en un mundo donde, afortunadamente, tienen elección y son libres para escoger quiénes son, quiénes quieren ser, lo que les gusta y lo que les hace felices. Centrar nuestra educación en convertirlos en personas felices, nos hará menos frustrante acompañar sus decisiones cuando no son lo que hubiéramos querido para ellos,  porque estarán basadas en lo que les enseñamos desde pequeños.

Algunas cosas que ayudan a no desesperarse

 

-Esforzarnos por ser tolerantes. No es necesario mostrar apoyo si no creemos que sea adecuado, pero tampoco machacar siempre al niño con el mismo discurso. Dejar clara cuál es tu opinión, acompañar al niño en sus decisiones y seguir mostrándole que tiene la posibilidad de cambiar de idea si lo desea (recordar:  la adolescencia es un periodo radical pero cambiante hoy son Emos y mañana vegetarianos) son actitudes que harán le harán permeable a otras opciones además de la suya.

 

-Escuchar sus opiniones. No pensamos ni sentimos igual con 40 años que con 10, pero eso no significa que de pequeños las cosas no nos afecten o nuestro modo de entender el mundo no sea válido. Si nuestro hijo tiene una opinión distinta a la nuestra, escuchémosle, Como padres tenemos que  imponer normas y límites, pero favorecer el desarrollo de una opinión crítica aunque no sea la nuestra. Eso sí, mostremosle cómo defender las opiniones propias sin ser agresivo y seamos su modelo cuando defendemos las nuestras.

-No debemos esperar que cambie. Como padres preocupados por la felicidad y la relación con nuestro hijo, podemos asumir que las diferencias se mitiguen con el tiempo y que sólo sean fases o rebeldía. Es cierto que cambiará, como lo hacemos todos a lo largo de la vida, pero eso no significa que vaya a parecerse más a nosotros o que elija  aquellas cosas que deseamos para él. Asumamos desde el principio que seremos distintos, que discutiremos seguro y que nos vamos a llevar más de dos disgustos, pero que a pesar de todo seguiremos unidos y nos querremos y respetaremos.

 

El que sea nuestro hijo no significa que sea nuestro en el sentido literal de la palabra, sino que viene de nosotros, que orientamos su camino, pero que es él quien finalmente irá donde quiera y como quiera.

                        

                                                                                                                Extracto revista Supernanny. n17

Author: admin

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