CASOS DE ÉXITO: EL CASO DE ALEX

Nos gusta trasmitiros a través de distintas experiencia, las mejoras que se consiguen. Hemos elegido el caso de Alex  por el éxito conseguido en un tema tan recurrente como: “no puedo con él, no me hace ni caso”. Si tras leer este caso te sientes identificado, ponte en contacto con nosotros.

El caso de Alex es más frecuente de lo que pueda parecer. Tiene 8 años y presenta en casa un completo repertorio de conductas de desobediencia y agresividad . “No hace caso a nada de lo que se le dice”, “no hacemos carrera de él”, son algunos de las quejas que nos traen sus  padres a consulta. A estas añaden los berrinches continuos y que se pase el día llorando. No aguanta que sus padres le pongan límites y los sobrepasa continuamente.  Eso hace que la relación de Alex y sus padres este tensa y el ambiente familiar sea de crispación, “cualquier cosa nos puede hacer saltar”, dice la madre.

Después de evaluar el momento en el que se encuentra la familia, empezamos a trabajar para mejorar la situación.

Lo primero era intentar ver a Alex de forma más positiva. De manera que hicimos una lista de cosas que Alex “hace bien”. Esto es,  aspectos positivos del niño tanto en su relación con los demás, como con sus padres. Cuando nos dicen lo que hacemos bien, tendemos a repetirlo, Alex también.

Después generamos una lista de recompensas que ofrecer al niño siempre que su comportamiento fuera adecuado. La recompensa tenían que aplicarla inmediatamente después de la conducta , para que descubriera los beneficios que obtenía por “portarse bien”. Ojo! la lista tenía que contener lo que le gustaba a Alex, no lo que suponíamos que le iba a gustar. Ver los dibujos antes de ir al cole le encantaba, luego si Alex se vestía y desayunaba en tiempo, podía verlos hasta la hora de salir al colegio.

La atención positiva de los padres es importante porque  Alex buscaba que le hicieran caso y lo conseguía con las regañinas y castigos de sus padres.  Por eso, tenía que aprender a  recibir la misma atención  haciendo cosas positivas.

En casos como el de Alex , los niños nos cuentan lo que piensan y suele ser algo similar a esto: “Si nadie se va a dar cuenta de lo bien que me porto, lo más fácil es portarme mal y que me sigan atendiendo”. Por eso, también enseñamos a los padres de Alex que es importante extinguir aquellas conductas alborotadoras, es decir no hacer caso a las conductas provocadoras de Alex.

Los padres en el caso de Alex aprendieron a expresarse de forma clara con el niño. Entrenamos la forma de dar ordenes firmes y claras para que el niño supiera en todo momento lo que se esperaba de él. Las normas se escribieron de forma concreta  y se colgaron en la nevera dónde Alex pudiera leerlas.   Hasta entonces Alex escuchaba:  “ayuda a tu madre”. A partir de este momento le pedían:  “haz tu cama”, “recoge tus juguetes” .  Conseguimos que Alex tuviera claro lo que se espera de él.

Otro aspecto importante  para avanzar, es que el niño tenga la sensación de que hay cosas que empieza a hacer “bien”. En el caso de Alex vestirse y desayunar en hora, era una conquista que podía hacer y obtener premio por ello. No tenía sentido empezar pidiéndole que dejara de gritar cuando se enfadaba. Alex no sabía cómo hacerlo y fracasaría para disgusto de sus padres. Por lo tanto, es mejor comenzar por cosas que nos resulten más sencillas que por grandes dificultades.

Cuando el ambiente en casa empezó a mejorar comenzamos a trabajar objetivos más complicados.   Alex era un niño muy movido,  conseguir de él un rato de calma era bastante complicado y generaba mucho conflicto en casa “que te sientes, que no te muevas, si te levantas te quedas sin tablet” eran frases que en casa escuchaba demasiadas veces. Para que Alex descargara su energía y aprendiera a controlarla cuando le tocara hacerlo, buscamos actividad física diaria. Alex comenzó a entrenar dos días en semana con un equipo. Se gestionó, para el resto de los días,  tiempo para jugar y correr un rato en el parque. En los días de mucho frío,  durante media hora al día en una zona determinada de la casa, Alex podía hacer todo el ruido que quisiera sin castigos ni regañinas, pero solo durante esa media hora.

Los padres de Alex a estas alturas tenían la sensación de saber qué hacer con el comportamiento de Alex y la dinámica familiar volvía a ser tranquila y cariñosa. Alex se sentía reforzado y había ganado mucho en autoestima y autonomía desde que le conocimos.

Quedaba, retirar las recompensas de Alex y/o que aprendiera a demorar (esperar a que aparezcan). Esto es lo que enseña a los niños a tolerar la frustración. Hicimos un sencillo gráfico donde aparecían los días de la semana y las conductas que se esperan del niño. Alex, pegaba un adhesivo cada vez que por ejemplo: recogía sus juguetes antes de irse a dormir. Cuando lograba varias negativas las podía cambiar  por minutos de televisión, acostarse un poco más tarde, ir con papa al cine o un juguete cuando sumaba un número determinado de pegatinas.

Gracias a este sistema el niño comenzó a convertir en rutinas, conductas que antes no llevaba a cabo. De forma que recoger los juguetes, ya no iba seguido de pegatina. Simplemente lo llevaba a cabo como hábito después de jugar.

El caso de Alex nos encanta porque mejoró su relación con los limites, aprendió a valorar sus esfuerzos y se hizo responsable de sus comportamientos . La relación familiar mejoró muchísimo, volvieron a disfrutar de la vida familiar y  atendían mucho más a esas nuevas conductas positivas que a las antiguas.

Hay una pregunta que suele rondaros la cabeza: ¿Cuánto tiempo fue necesario para que se produjera el cambio? en el caso de Alex  no vimos tres meses y medio hasta despedirnos.

Author: admin

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