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ANSIEDAD ¿PUEDO CONTROLARLA?

Posted by on 12:24 pm in Blog de Biem | 0 comments

ANSIEDAD ¿PUEDO CONTROLARLA?

Cada vez que hay un peligro, el organismo reacciona de la misma forma, pensamos las mismas cosas, sentimos las mismas sensaciones y actuamos de forma similar. Esta reacción es ANSIEDAD.

La ansiedad es útil para afrontar peligros reales y situaciones no cotidianas, que implican un reto o desafío. Nos ayuda a reaccionar mejor y con más rapidez, es como si en nuestro organismo saltara una alarma haciéndonos más eficaces. En resumen, la ansiedad es nuestra mejor aliada en las situaciones difíciles.

Si la alarma salta sin que sea necesario, hablamos de problemas de ansiedad. Entonces, se siente intensamente donde la mayoría no se ponen ansiosos o, se experimenta un grado extremo ante situaciones donde la mayoría se sentiría sólo moderadamente ansiosa. Para estas personas, la ansiedad incapacita y desadapta.

Una gran proporción de gente tiene mucho miedo a sentir ansiedad intensa y evita sistemáticamente, aquello que se lo produce (un examen, un ascensor, un avión o una aglomeración de gente).

 

 

COMPRENDE TU ANSIEDAD

Cuando la ansiedad te bloquea, aparece bruscamente, sin previo aviso, como surgida de la nada. Entonces:

  • Tienes la absoluta certeza de que algo terrible va a ocurrir inmediatamente: “me va a dar un ataque al corazón”, “me voy a ahogar”, “voy a sufrir un desmayo”,
  • Notas de manera muy intensa: mareo, aumento del ritmo respiratorio, sensación de asfixia, visión borrosa, tensión muscular, dolor o pinchazos en el pecho, sensación de irrealidad, sudor, ráfagas de calor/ frío, hormigueo, entumecimiento…
  • Intentas escapar/ evitar con el objetivo de buscar seguridad, reducir la posibilidad de tener otro ataque de ANSIEDAD. Bien, porque lo sufriste en ocasiones similares, o bien porque temes que te podría suceder allí. P e: conducir, estar a solas en casa, salir a la calle, entrar en cines, restaurantes o teatros, hacer cola o utilizar transportes públicos.

 

 

CONSECUENCIAS SEGÚN TU FORMA DE ENFRENTARLA

 

CONSECUENCIAS DE EVITAR CONSECUENCIAS DE ENFRENTARSE
La ansiedad será mayor la próxima vez. La ansiedad se irá reduciendo cada vez más.
La ansiedad se generalizará a más situaciones. La ansiedad afectará a menos áreas.
Irás perdiendo las habilidades relacionadas con esa actividad (p.e.: conducir). Mantendrás las habilidades relacionadas con la actividad (p.e.: hacer amigos
No podrás comprobar si lo que temes ocurre. Comprobarás que la ansiedad no es tan horrible y que no se producen las consecuencias temidas.
Perderás confianza en ti mismo. Aumentaras la confianza en ti mismo y la sensación de control.

 

 

ENFRENTA TU ANSIEDAD

Si decides enfrentar la ansiedad tendrás que exponerte a la situación que la provoca, ya sea: examinarte, conducir, subir en ascensor o, cualquier otra que te haga la vida muy incómoda.

Te cuento cómo lo hacemos en www.centrobiem.com

  • Diseñamos contigo un listado de pasos progresivos que seguirás para enfrentarte a cada situación que temes. Cuando seas capaz de enfrentarte a la primera situación con relativa tranquilidad, pasarás a la siguiente y, así, sucesivamente. Se trata de enfrentarte poco a poco, y no de golpe. Nunca tendrás que exponerte a lo que no quieras y/o no te consideres capaz de hacer.
  • Al exponerte a la situación, la ansiedad aumenta. Si es así, significa que se estás haciendo bien. Recuerda que la ansiedad puede ser muy molesta, pero nunca peligrosa.
  • La ansiedad, por intensa que sea, sube hasta un punto y después comienza a bajar. Puede ayudar a comprenderlo la imagen de una flecha lanzada al aire. Por más fuerte que se tense el arco, la flecha subirá hasta un punto y luego comenzará a caer.
  • Es fundamental que experimentes la ansiedad permaneciendo en la situación hasta que esta comience a descender considerablemente. Eso puede suponer algún tiempo, nunca se debes abandonar la situación.
  • Durante la exposición utilizaras técnicas que te enseñaremos para controlar la ansiedad. El objetivo es intentar controlar o manejar la ansiedad, nunca eliminarla.
  • Programaremos juntos tantas exposiciones como sea necesario. Cuantas más veces te expones a las situaciones y más tiempo permaneces en ellas, antes superaras el problema.
  • Conforme vayas practicando la exposición a cada situación, se comprobaras que la ansiedad sube menos, dura menos tiempo y baja más rápido.
  • El progreso no es lineal. Así que no hay que desanimarse si una situación está vencida y un día provoca más ansiedad que la esperada.

Un saludo del equipo del Centro BIEM

Un padre no es un colega

Posted by on 12:57 pm in Blog de Biem | 0 comments

Un padre no es un colega

Un padre no es un colega. De las frases que deberían llevar a reflexionar acerca de la necesidad de cambiar el estilo de autoridad, ésta es la más generalizada. Lo que decimos es la manifestación de lo que pensamos, y hay que trasmitir a nuestros hijos que somos capaces de convertirnos en su referente de autoridad. La frase «Mi hijo y yo somos sobre todo amigos, nos lo contamos todo» no ayuda a conseguirlo.

Un niño tendrá muchos amigos, colegas, conocidos e incluso familiares, pero los padres son únicos. Por eso, la relación a establecer con ellos tiene que ser distinta de las demás. «¿Tengo que ser un sargento?», preguntaba un padre en consulta… A veces, te tocara serlo; otras, serás el mejor confidente; otras, el más divertido de los amigos; otras, el personaje más odiado; y muchas, el referente que imitarán a la hora de construir su vida.

Uno de estos padres protestaba del trato que recibía de su hijo. Al pedirle que contara cómo le daba una orden, puso este ejemplo: «Tío, te he dicho que dejes de hacer eso…». Y luego, cuando el niño replicaba: «Tío, eres un pesado», el padre tiene que recurrir al viejo estilo de: «Yo no soy tu tío, soy tu padre». Resulta un tanto incoherente eso de pedirle al niño que no haga lo que nosotros hacemos con él.

Ramos-Paul R. Torres, L. Niños desobedientes, padres desesperados. Aguilar (2012)
No poner límites, tener muchos o ser muy rígido con las normas son grandes errores que se cometen cuando el estilo de autoridad es demasiado laxo o severo.

¿Ya te lo sabes?

Posted by on 4:14 pm in Blog de Biem | 0 comments

¿Ya te lo sabes?

JUAN, LAS NOTAS Y LAS BRONCAS

A partir de febrero, la pregunta ¿ya te lo sabes? es una de las que más se oye por las tardes en las casas.

Juan tiene 14 años sus notas académicas este curso han sido un desastre, es más fácil contar las que ha aprobado que las que ha suspendido. Esta tónica viene siendo habitual en los últimos cursos.  Sus padres nos dicen que en casa, a excepción del estudio, no tienen ninguna dificultad con él. Más bien todo lo contrario lo definen como un chaval excepcional: “Su comportamiento es ejemplar”. Ni siquiera tienen con él las discusiones que tan frecuentemente les cuentan otros padres.

“Me voy a esforzar en la siguiente evaluación” dice mientras agacha la cabeza. “Nos da la razón, y nos promete que en la próxima evaluación se va a esforzar más” comentan sus padres. Pero evaluación tras evaluación se repite la misma cantinela en casa de Juan. Sus padres lo han intentado todo, pero nada les ha funcionado. “Es un vago” “no le gusta esforzase” describen sus padres.

El tema del fracaso escolar es uno de los que más preocupa a los padres. En muchas ocasiones se culpan buscando algo que hayan hecho mal. En otras  se enfurecen calificando a su hijo de vago. Pero la realidad es que cuando el rendimiento del chaval  no es el esperado para la edad y el curso al que pertenece, en la mayoría de los casos hay un problema relacionado con la motivación y/o habito de estudio.

Este era el caso de Juan. Etiquetado como vago por sus padres, actuaba en consecuencia “soy un vago haga lo que haga. Para qué esforzarme y trabajar”. Creer “a pies juntillas” esta idea, era una de las razones que le imposibilitaba avanzar en sus estudios. Evaluamos las capacidades (intelectuales y emocionales) de Juan y no  encontramos ningún obstáculo que le impidiera mejorar el rendimiento actual. Se trataba de una falta de interés y gran aburrimiento hacia todo lo relacionado con lo escolar. La experiencia nos permite calificar este  dificultad de bastante común entre los jóvenes españoles que sufren fracaso escolar, siendo uno de los retos fundamentales del sistema educativo español actual (en cifras globales, 1 de cada 4 alumnos españoles sufren fracaso escolar*).

“¿Qué hacemos?” preguntaban los padres. Era evidente que el tiempo que dedicada Juan a los estudios no era efectivo y tendría que cambiar su método de estudio. Pero también ellos tenían que cambiar el chip para dejar de centrar su toda atención en las notas de Juan y empezar a valorar el esfuerzo que hacía.

Reforzar su esfuerzo

“Pero su obligación es estudiar, no tengo que darle nada a cambio de que saque buenas notas” nos comentaba la madre. De acuerdo, pero esa fase es posterior.  Si el objetivo es que mejore sus resultados académicos hay que empezar premiando el esfuerzo. Cuando no se hace así, se corre el riesgo de que la desmotivación le lleve al abandono de los estudios. O empezaban a tratar el tema de manera diferente o no habría cambios en la situación actual. Acordamos con ellos que lo primero era reforzar su dedicación, no sus resultados.  Para ello establecimos el siguiente plan:

  • A diario después de terminar las tareas podría elegir entre: una hora de ordenador, de videojuegos o de tele.
  • Durante las primeras semanas concedieron privilegios que premiaran su esfuerzo: “Juan podrás ir al cine el sábado si durante toda la semana has terminado tus tareas”.
  • Durante las semanas siguientes aumentaron con una bonificación su dedicación: “si además de tus tareas, estudias 30 min al día, el fin de semana iras al cine con tus amigos y te daré dinero para que vayas a cenar con ellos al Burger”.

Al principio y hasta que Juan fue adquiriendo el habito,  hubo que revisar a diario que hubiese cumplido con su parte para poder conseguir las actividades. Pero con el tiempo se espaciaron las revisiones. Poco a poco, Juan fue responsabilizándose de sus tareas y negociaron premios a largo plazo. Un mes cumpliendo con el horario y acabando las tareas podía suponer para Juan asistir al espectáculo de American Motor Show que tanto le gustaba. Transcurridos un par de  trimestres, ya no era necesario  premiar su esfuerzo más que a largo plazo. De hecho a Juan le encantaba la posibilidad de hacer un curso de vela que conseguiría en verano si sus notas (ahora era el momento de introducir el rendimiento) mejoraban a final de curso. Como planteó la madre de Juan, entendió que cumplir con sus obligaciones tenía recompensas que le agradaban entre las que describió: “me llevo mejor con mis padres”, “me siento capaz de aprobar” o “aunque estudiar es un rollo creo que las matemáticas no se me dan mal.”

Coordinarse con el colegio

Visitaron al tutor, conocieron el funcionamiento de Juan en clase y buscaron junto con los profesores de que manera podían ayudar a su hijo desde casa. Llegaron a los siguientes: acuerdos. Al principio, le exigirían que terminase un mínimo de tareas que marcó el colegio, para poco a poco ir aumentándolo. También acordaron que la agenda se convertiría en una vía de comunicación entre todos y Juan se comprometió a anotar a diario todo el trabajo a realizar.

Entrenar con Juan unos correctos hábitos de estudio

  • Hicimos un horario de estudio realista, donde se incluía un descanso de 10 minutos por cada hora de estudio. Las primeras semanas fue más que suficiente media hora diaria de tareas y 15 minutos de estudio. Cuando este horario estuvo conseguido se amplió a razón de 15 minutos la semana. Hasta conseguir el objetivo: obtener el mayor rendimiento en el menor tiempo.
  • Elegir y acondicionar un lugar propicio para el estudio. Despejar su mesa de comics, revistas, películas, libros. Únicamente habría en su mesa lo que Juan necesitara para hacer los deberes.
  • Se comprometió a acudir a unas clases que tenían lugar en el colegio donde trataban las técnicas de estudio: aprendió a resumir, esquematizar, memorizar,…

Disminuir las distracciones

Que si ahora me llama un amigo, que si tengo cinco conversaciones por whatsapps, que si tengo hambre, ahora me hago pis, que si voy a comprarme un boli…. Todo esto ocurría cuando Juan se ponía delante de los libros. Siempre había algo más importante que atender frente al estudio. De esta manera era imposible que Juan pudiese adelantar en sus tareas ¡Ni estando tres horas delante de los libros! Al final de la tarde tenía la sensación de haber estado estudiando horas sin que le rindiera.

Durante los primeros días de aplicación del nuevo plan, le propusimos que anotara en una hoja todas las interrupciones que tenia a lo largo de su tiempo de estudio. Esta actividad le hizo consciente lo que se entorpecía su trabajo y el tiempo que perdía en atenderlas: “no son tres horas de estudio, es media hora de trabajo y dos y media de recaditos”, decía. Juan eligió cómo solucionar las distracciones que mermaban su concentración apoyándose en este listado:

 

  • Silenciar el móvil o dejarlo fuera de la habitación de estudio
  • Dejar el recado de que sus amigos llamen más tarde.
  • Dejar para el final todas las tareas que requirieran de consulta.
  • Preparar el material antes de sentarse a trabajar.
  • Las sensaciones de hambre y sueño suelen tener que ver con ganas de levantarse de la silla, procurar seguir concentrado y respirar hondo un par de veces para relajarse, oxigenarse y continuar.
  • Llevarse una botella de agua a la habitación.

 

Aun controlado todo esto, estar delante del libro no siempre asegura que se esté prestando atención a lo que allí pone. “¿Y si me pongo a pensar en otra cosa?” Preguntaba Juan. En ese momento le propusimos la siguiente técnica: dar  un golpe en la mesa, decir “stop” y anotar en un papel aquel tema que le había distraído. Y solo  cuando terminase la tarea o en un descanso, podría dedicar tiempo a pensar en eso que le interrumpió.

 

Y para aquellos momentos en los que no se veía capaz de avanzar por que creía que las cosas no le saldrían bien, las frases de ánimo fueron las gran aliadas “voy a poder” “lo estoy haciendo bien”… Frases que escribió en varios pos-it y colgó en su nuevo corcho al lado del horario escolar y las recompensas al esfuerzo negociadas con sus padres.

 

 

Y empezaron a cambiar su actitud:

Para hacerlo, discutimos muchas de las premisas que traían sobre Juan. Los primeros resultados al aplicar las pautas que propusimos fueron el detonante que les hizo modificar su punto de vista sobre cuestiones como:

  • Juan era más que un alumno, era un hijo con un comportamiento excepcional, amigo de sus amigos, deportista, cariñoso etc… Cuando sus padres realizaron el listado de todo lo que su hijo era, además de estudiante, se emocionaron.

El problema es que centrar las conversaciones en el tema de las notas les hacía difícil pensar en disfrutar de su hijo y la vida familiar. Para cambiar esta actitud, los padres dedicarían todos los días un tiempo a hablar de otras cuestiones ¿Qué planes tenia para el fin de semana?,  ¿Qué comida podríamos preparar el sábado para los abuelos?, el frio que ha hecho hoy o lo que se habían enterado por el padre de María, cualquier tema a excepción de los estudios.

 

  • Había que adaptar las expectativas a la realidad: “o aprueba todo o nada” no era el objetivo que debían plantearse con su hijo en este momento. En las conversaciones con Juan aparecieron frases como: “veo que te estás esforzando y llevas todas las tareas hechas al día”, “has aprobado la mitad de los exámenes, está claro que estás trabajando”.

 

  • “Entre semana no queremos que utilice los videojuegos ni el ordenador” pero, si él cumple con su parte, hay que hacer cesiones. “Hay cosas innegociables” decían los padres de Juan. No parece que un rato de ocio tras el trabajo lo sea ¿no es lo que hacemos todos?

 

  • “quiero que estudie por que le guste y no por salir el fin de semana o el regalo de fin de curso”. Ya llegará ese momento, es nuestro objetivo. Para conseguirlo ahora hay que buscar alicientes a esa actividad que tanto le aburre. Por muy gratificante que sea tu trabajo, no sé si estarías dispuesto a ir todos los días sin cobrar a fin de mes.

 

  • Animarle, frases del tipo: “lo vas a conseguir” “animo” “vas a poder con lo que te has propuesto” fueron sustituyendo comentarios como: “eres un vago” “no vas a ser nadie en la vida” “vamos, venga estudia”.

 

  • Estaban pendiente de cualquier avance en temas escolares y por pequeño que fuese se lo hacían ver. Cualquier cambio era sinónimo de que las cosas empezaban a funcionar de manera diferente
  • Cambiaron la manera de definir el problema, la conducta es la que hay que señalar, no a Juan, en lugar de definirle como “vago”, le hablaban en los siguientes términos “tienes que esforzarte más”.
  • Además, aceptaron que su hijo no era el estudiante que habrían querido tener. Reflexionaron acerca de las expectativas que sobre el futuro de Juan se había forjado, para reconocer que no habían tenido en cuenta lo que su hijo quería, ni sus características personales. Pactaron no pensar más que en el futuro inmediato y dejar que Juan les fuera sorprendiendo con sus propios planes de futuro. Les tranquilizó descubrir la capacidad de esfuerzo de su hijo y mantuvieron la pauta de decirle al menos tres cosas al día que hubiese hecho y por las que se sintiesen orgullosos.

 

Con los meses Juan mejoro su rendimiento. Pero sobretodo, cambió su actitud hacia el estudio ya no era de apatía, desgana y desilusión. Al final de curso sus calificaciones habían mejorado notablemente y le permitieron irse al curso de vela que tanto le gustaba.

Ramos-Paul R. y Torres L. Un extraño en casa…tiembla llegó la adolescencia. Madrid. 2014. Aguilar. Cáp 6

CASOS DE ÉXITO: EL CASO DE ALEX

Posted by on 3:30 pm in Blog de Biem, Sin categoría | 0 comments

CASOS DE ÉXITO: EL CASO DE ALEX

Nos gusta trasmitiros a través de distintas experiencia, las mejoras que se consiguen. Hemos elegido el caso de Alex  por el éxito conseguido en un tema tan recurrente como: “no puedo con él, no me hace ni caso”. Si tras leer este caso te sientes identificado, ponte en contacto con nosotros.

El caso de Alex es más frecuente de lo que pueda parecer. Tiene 8 años y presenta en casa un completo repertorio de conductas de desobediencia y agresividad . “No hace caso a nada de lo que se le dice”, “no hacemos carrera de él”, son algunos de las quejas que nos traen sus  padres a consulta. A estas añaden los berrinches continuos y que se pase el día llorando. No aguanta que sus padres le pongan límites y los sobrepasa continuamente.  Eso hace que la relación de Alex y sus padres este tensa y el ambiente familiar sea de crispación, “cualquier cosa nos puede hacer saltar”, dice la madre.

Después de evaluar el momento en el que se encuentra la familia, empezamos a trabajar para mejorar la situación.

Lo primero era intentar ver a Alex de forma más positiva. De manera que hicimos una lista de cosas que Alex “hace bien”. Esto es,  aspectos positivos del niño tanto en su relación con los demás, como con sus padres. Cuando nos dicen lo que hacemos bien, tendemos a repetirlo, Alex también.

Después generamos una lista de recompensas que ofrecer al niño siempre que su comportamiento fuera adecuado. La recompensa tenían que aplicarla inmediatamente después de la conducta , para que descubriera los beneficios que obtenía por “portarse bien”. Ojo! la lista tenía que contener lo que le gustaba a Alex, no lo que suponíamos que le iba a gustar. Ver los dibujos antes de ir al cole le encantaba, luego si Alex se vestía y desayunaba en tiempo, podía verlos hasta la hora de salir al colegio.

La atención positiva de los padres es importante porque  Alex buscaba que le hicieran caso y lo conseguía con las regañinas y castigos de sus padres.  Por eso, tenía que aprender a  recibir la misma atención  haciendo cosas positivas.

En casos como el de Alex , los niños nos cuentan lo que piensan y suele ser algo similar a esto: “Si nadie se va a dar cuenta de lo bien que me porto, lo más fácil es portarme mal y que me sigan atendiendo”. Por eso, también enseñamos a los padres de Alex que es importante extinguir aquellas conductas alborotadoras, es decir no hacer caso a las conductas provocadoras de Alex.

Los padres en el caso de Alex aprendieron a expresarse de forma clara con el niño. Entrenamos la forma de dar ordenes firmes y claras para que el niño supiera en todo momento lo que se esperaba de él. Las normas se escribieron de forma concreta  y se colgaron en la nevera dónde Alex pudiera leerlas.   Hasta entonces Alex escuchaba:  “ayuda a tu madre”. A partir de este momento le pedían:  “haz tu cama”, “recoge tus juguetes” .  Conseguimos que Alex tuviera claro lo que se espera de él.

Otro aspecto importante  para avanzar, es que el niño tenga la sensación de que hay cosas que empieza a hacer “bien”. En el caso de Alex vestirse y desayunar en hora, era una conquista que podía hacer y obtener premio por ello. No tenía sentido empezar pidiéndole que dejara de gritar cuando se enfadaba. Alex no sabía cómo hacerlo y fracasaría para disgusto de sus padres. Por lo tanto, es mejor comenzar por cosas que nos resulten más sencillas que por grandes dificultades.

Cuando el ambiente en casa empezó a mejorar comenzamos a trabajar objetivos más complicados.   Alex era un niño muy movido,  conseguir de él un rato de calma era bastante complicado y generaba mucho conflicto en casa “que te sientes, que no te muevas, si te levantas te quedas sin tablet” eran frases que en casa escuchaba demasiadas veces. Para que Alex descargara su energía y aprendiera a controlarla cuando le tocara hacerlo, buscamos actividad física diaria. Alex comenzó a entrenar dos días en semana con un equipo. Se gestionó, para el resto de los días,  tiempo para jugar y correr un rato en el parque. En los días de mucho frío,  durante media hora al día en una zona determinada de la casa, Alex podía hacer todo el ruido que quisiera sin castigos ni regañinas, pero solo durante esa media hora.

Los padres de Alex a estas alturas tenían la sensación de saber qué hacer con el comportamiento de Alex y la dinámica familiar volvía a ser tranquila y cariñosa. Alex se sentía reforzado y había ganado mucho en autoestima y autonomía desde que le conocimos.

Quedaba, retirar las recompensas de Alex y/o que aprendiera a demorar (esperar a que aparezcan). Esto es lo que enseña a los niños a tolerar la frustración. Hicimos un sencillo gráfico donde aparecían los días de la semana y las conductas que se esperan del niño. Alex, pegaba un adhesivo cada vez que por ejemplo: recogía sus juguetes antes de irse a dormir. Cuando lograba varias negativas las podía cambiar  por minutos de televisión, acostarse un poco más tarde, ir con papa al cine o un juguete cuando sumaba un número determinado de pegatinas.

Gracias a este sistema el niño comenzó a convertir en rutinas, conductas que antes no llevaba a cabo. De forma que recoger los juguetes, ya no iba seguido de pegatina. Simplemente lo llevaba a cabo como hábito después de jugar.

El caso de Alex nos encanta porque mejoró su relación con los limites, aprendió a valorar sus esfuerzos y se hizo responsable de sus comportamientos . La relación familiar mejoró muchísimo, volvieron a disfrutar de la vida familiar y  atendían mucho más a esas nuevas conductas positivas que a las antiguas.

Hay una pregunta que suele rondaros la cabeza: ¿Cuánto tiempo fue necesario para que se produjera el cambio? en el caso de Alex  no vimos tres meses y medio hasta despedirnos.

No para quieto,…¿es hiperactivo?. Te contamos como distinguirlo.

Posted by on 4:02 pm in Blog de Biem | 0 comments

No para quieto,…¿es hiperactivo?. Te contamos como distinguirlo.

Es quizá una de las dudas más frecuentes que atendemos en la consulta. No siempre es sencillo diferenciar a un niño movido de un niño con hiperactividad, ya que hay muchas conductas  son similares en ambos casos, pero la intensidad es distinta. Que un niño sea movido es una característica típica de la infancia, por lo que para hacer un buen diagnostico entre ambos casos hay que esperar hasta los 7 años y solo un profesional cualificado puede contestar con certeza esta pregunta.  Pero te damos algunas pistas que pueden ayudarte a diferenciarlos:

 

El niño inquieto, se distrae si lo que tiene delante no le motiva lo suficiente, pero si  le interesa presta atención. Puede ser travieso, pero no violento. Con los amigos tiene una buena relación. Suelen ser niños alegres, despiertos  y vivos. Son movidos porque son curiosos y necesitan descubrir y explorar el entorno. Se enfada, pero sus reacciones suelen ser las esperables.

Cuando nos hablamos de niños con hiperactividad, son niños con un trastorno neurobiológico en el que presentan serias dificultades para mantener la atención, distrayéndose siempre “con el paso de una mosca”. No investigan, rompen los juguetes, preguntan demasiado, empiezan cayendo bien pero terminan cansando a los amigos. No comen ni dibujan sentados, sino que están en constante movimiento siempre.  Cuando las cosas no salen como él quiere sus enfados son desproporcionados.

 

Recuerda, si tienen alguna duda sobre el comportamiento de tu hijo no dejes de consultar con un profesional.

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